Las pérdidas no identificadas aquellas que pasan desapercibidas en las operaciones diarias y solo se detectan durante los inventarios, están creciendo a un ritmo preocupante en el comercio minorista brasileño. Según la Encuesta Abrappe 2025, ya representan casi el 40 % del total de pérdidas del sector, alcanzando el 48,1 % en formatos como el cash & carry (atacarejo), uno de los canales de mayor crecimiento en el país. Este tema fue abordado en un artículo reciente en el que tuve la oportunidad de colaborar en el portal Varejo SA.

Aunque el índice promedio general de pérdidas se redujo del 1,57 % al 1,51 %, la elevada participación de las pérdidas no identificadas refuerza la urgencia de una gestión más estructurada y basada en datos. Después de todo, cada error no rastreado tiene un impacto directo en el margen operativo, especialmente en un contexto de alta rotación de personal, escasez de mano de obra calificada y fuerte presión competitiva.

Pérdidas invisibles: qué hay realmente detrás de las cifras

Estas pérdidas no identificadas van mucho más allá de los hurtos. De acuerdo con estudios realizados por Inwave, una gran parte está relacionada con fallas operativas cotidianas, especialmente en el punto de venta y en las áreas de pesaje. Entre los errores más comunes se encuentran el subescaneo de productos, la multiplicación incorrecta y el intercambio de códigos, sobre todo en artículos de peso variable como carnes, frutas y verduras, y productos de charcutería.

Es habitual que el operador se base únicamente en el sonido del beep del escáner, sin verificar la pantalla, lo que permite que algunos productos pasen sin ser registrados. Además, errores en el conteo de artículos múltiples, como paquetes de leche, o el uso de códigos equivocados en productos similares generan distorsiones que se acumulan rápidamente y afectan la rentabilidad de la tienda.

De un enfoque reactivo a la inteligencia operativa continua

El comercio minorista físico aún opera, en gran medida, bajo un modelo reactivo, actuando solo después de que la pérdida ya ocurrió. Sin embargo, este enfoque se vuelve insostenible a medida que el negocio crece y la operación se vuelve más compleja. La transformación pasa por adoptar una lógica de inteligencia operativa continua, que combine monitoreo en tiempo real, automatización de procesos y auditoría de datos e imágenes.

En la práctica, esto implica conectar los puntos críticos de la operación, desde el POS hasta el piso de ventas, desde las balanzas hasta las antenas antihurto, en una única visión centralizada. Esta integración permite identificar fallas en el momento en que ocurren, tomar decisiones ágiles y reducir de forma significativa el impacto financiero de los errores operativos.

El papel de la tecnología en la prevención de pérdidas

La digitalización de la gestión de pérdidas dejó de ser una tendencia para convertirse en un requisito de eficiencia. La plataforma Darwin, desarrollada por Inwave, es un ejemplo de cómo la tecnología puede actuar de manera proactiva en la reducción de las pérdidas invisibles. Permite monitorear en tiempo real áreas críticas de la tienda a través de una única interfaz web, integrando datos de POS, sensores, balanzas y antenas antihurto.

De este modo, es posible acompañar la operación en tiempo real, realizar auditorías remotas y garantizar el cumplimiento de los procesos definidos por la gestión. En este contexto, la tecnología actúa como un apoyo activo para los equipos de tienda, reforzando la ejecución y aportando visibilidad sobre lo que realmente sucede en el día a día.

“Más que evitar pérdidas, el objetivo de la tecnología es garantizar el cumplimiento de los procesos, apoyar a los equipos y contribuir a una experiencia de compra más fluida y transparente para el consumidor final”.

Una nueva mirada a la gestión de pérdidas

Dejar de ver la prevención de pérdidas como un área aislada es un paso esencial hacia la madurez operativa del comercio minorista. Cuando se integra a la estrategia del negocio, esta función se convierte en un pilar de eficiencia y sostenibilidad.

El sector ya cuenta con datos, procesos y herramientas para evolucionar. El desafío ahora es transformar la información en acción. Y eso comienza por reconocer que las pérdidas invisibles también necesitan ser visibles.